EL VIEJO ESPÍRITU CADILLAC
El ex bajo de los Fabulosos deja de lado las experimentaciones sonoras y se destapa con un CD de ska y reggae, en un homenaje a los primeros años Cadillacs. A esta altura, pasados los 40, Cianciarulo se ha convertido en uno de los artistas más frescos, imprevisibles e inquietos del panorama del rock argentino. Alejado del mainstream ("estoy esperando volver a ser un rockstar para poder aparentar no serlo", escribió en su blog), Flavio vuelve a ser, de algún modo, aquel Sr. Flavio de los primeros años de los Fabulosos Cadillacs. Esto es: cero pretensión, ska festivo, letras elementales.
En su etapa solista pasó del deslumbramiento por el folclore, el tango progresivo y la música uruguaya (Flavio solo, viejo y peludo de 2001, y El marplatense de 2003) a la murga psicodélica y suburbana de Cachivache! (2004), todo aderezado por una espontaneidad que por momentos es pura desprolijidad de maqueta. Ahora da una vuelta de tuerca y, sin olvidar su pulso murguero en esa cruza Auténticos Decadentes y Dandys de Victoria, regresa al primario, desaprensivo, arrogante y gaseoso espíritu Cadillac.
Justamente, la primera canción de Sonidero es 1985: un ska cuadradito en el que participan dos ex compañeros de banda, Luciano Jr. y Sergio Rotman. La letra tiene esa elocuencia tan Flavio: No sabíamos tocar/mucho menos afinar/No nos interesaba/Callate y bailá. (...) Buenos tiempos del 85/ que no volverán.
A años luz de las esforzadas experimentaciones que tuvieron su cima en el disco Fabulosos Calavera, a Cianciarulo le cabe mejor esta simpleza casi punk que sobrevuela ritmos sin grandes misterios como el ska, el reggae, el cuarteto, la murga. Brillan así buenas canciones como La penita, Kamaroncitos, la muy Manu Chao Matapalabras y la bellísima Tus lágrimas.
Con una pasión que a veces lo lleva por los caminos de la contradicción, una honestidad que se oye despojada, una radicalidad que es su sello, Cianciarulo juega a fondo y sin red a caballo de sus sucesivas certezas. Aunque, cada vez más zorro viejo, en Love & Hate avisa: "Nada es tan serio". La base de la filosofía callejera del zigzagueante y sorprendente Flavio Cianciarulo.

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